Grupo TPI

Grupo para la Transformación Política de Izquierda

La crisis internacional – Columna 03-08

Posted by grupotpi en 07/08/2011

Continuamos con la seguidilla de columnas dedicadas a la crisis internacional y sus distintas aristas. Hoy vamos a proseguir analizando el tema de la deuda de Estados Unidos, la suba del techo permitido por parte del congreso, las posiciones que en esa discusión se enfrentaban y, en última instancia, los límites que se presentan para que la deuda estadounidense siga subiendo más y más, independientemente de la cuestión estrictamente legal, o sea, pensándolo más en términos económicos (y hasta políticos).

Tomando lo dicho en columnas previas, recordamos lo que se venía discutiendo en el congreso de Estados Unidos respecto de su deuda: Estados unidos viene arrastrando un importante déficit fiscal y comercial, y la forma de financiar esta diferencia entre ingresos y egresos fue, en términos generales, por medio del endeudamiento.

Las posiciones en el debate legislativo: los demócratas ofrecían un plan a 10 años para reducir el déficit, subiendo impuestos a los ricos y bajando el gasto (entre otras cosas, en seguridad social). Los republicanos, por su parte, sólo ofrecían renegociar el techo hasta fin de año, y que todo lo que se emita de más se vea compensado con una reducción equivalente del gasto público.

El resultado final del proyecto fue el siguiente:

–          El techo de la deuda, que actualmente trepa a los 14,3 billones de dólares, aumentará en 2,4 billones durante dos tramos (para llevarlo a 16,7 billones), plazo que el gobierno de Barack Obama considera prudente para enfrentar sus compromisos hasta las elecciones presidenciales de noviembre de 2012.

–          También prevé una reducción del gasto público, en un monto similar, durante los próximos diez años. A mediano plazo se esperan recortes en la seguridad social y en el sistema de salud Medicare; se mantendrán las exenciones impositivas a los ricos impuestas por el ex presidente George W. Bush y no se aceptará ninguna de las propuestas demócratas de aumento de impuestos.

En general, se descontaba que alcanzarían un acuerdo, la cuestión era bajo qué condiciones y con qué características de proyecto. En este sentido, hay un par de cuestiones para remarcar a la hora de interpretar políticamente esta discusión:

1)      Según algunos analistas norteamericanos, como Dean Baker, toda la discusión por el techo de la deuda es una forma de “hacer retroceder al estado benefactor”. Avanzando sobre la percepción de crisis es más plausible que se pueda efectivizar un ajuste sobre planes sociales, que gozan de un gran apoyo de la población estadounidense. Si bien parece un tanto paranoico el planteo, tampoco es del todo descabellado, al menos tomando el problema de manera superficial.

2)      La otra arista a considerar (más de propia de la política interna de Estados Unidos) es que los republicanos buscaban con esta negociación debilitar a Obama. Algo de esto se confirmó cuando, poco después de conocerse el acuerdo, el vocero de Obama tuvo que salir a decir que el acuerdo no era una muestra de que los republicanos habían torcido el brazo de los demócratas, sino que fue un “consenso”.

La duda final es hasta dónde podrán seguir estirando el límite de la deuda y hasta dónde van a poder financiarla con la emisión de billetes, como contrapartida bonos del tesoro. Para pensar eso, es necesario que tracemos una breve caracterización de la deuda pública.

La deuda pública representa en esencia una autorización para su tenedor para hacerse de una parte de los impuestos que captará el Estado en el futuro. Por tanto, esos títulos no se desvalorizan en tanto haya confianza de que el Estado va a poder recaudar impuestos suficientes. Esto no cambia si el poseedor del título es nacional o extranjero. El problema para el caso de Estados Unidos surge de que termine pagando deuda por medio de la emisión de billetes y sin una capacidad de recaudación de recursos genuinos que sustenten esa nueva deuda. ¿Por qué es un problema? Porque así se terminan desvalorizando los activos de reserva tenidos por los gobiernos extranjeros.

Veamos el caso previo que puede llegar a adelantar algo de lo que se viene: “con Bretton Woods se había establecido una paridad de 35 dólares por onza troy. Pero en la medida en que crecían el comercio mundial y la circulación de los capitales, aumentaba la demanda de dólares en el mundo, lo cual exigía que EEUU tuviera una balanza de pagos deficitaria. A largo plazo esta situación,  terminaría socavando la confianza en la paridad dólar – oro, y por lo tanto al sistema de Bretton Woods. Recordemos que durante años los países con superávit (notablemente Japón y Alemania) acumularon dólares que, supuestamente, valían una cierta cantidad de oro que, también supuestamente, “garantizaba” la FED. Pero en agosto de  1971, y ante la pérdida creciente de sus reservas de oro, la FED decretó la inconvertibilidad del dólar, y lo devaluó. A fines de esa década el oro superaba los 800 dólares. En otras palabras, EEUU produjo un gigantesco default (mucho mayor que cualquier default que haya producido cualquier otro país en la historia), con la consiguiente desvalorización de los activos tenidos por los acreedores extranjeros, públicos o privados.” [1]

Hoy se replica esa situación: reaparece la contradicción entre la capacidad fiscal de EEUU, que es el respaldo último de los títulos del Tesoro, y la tenencia externa de esos títulos como activos de reserva. El crecimiento de la economía mundial estimula la demanda de activos nominados en dólares, pero por otra parte está disminuyendo la capacidad fiscal de EEUU con relación a la envergadura de la economía mundial.

Sobre esta base, es natural que comience a crecer la inquietud acerca del respaldo real que tienen los títulos que se están acumulando como reserva de valor. La única garantía de que se mantenga el valor de estos títulos reside en la capacidad del gobierno de EEUU de pagar con plusvalía “genuina”. Y eso es lo que está en jaque.

Con esto vemos que no se puede seguir indefinidamente sobre esta misma base, lo que no se puede decir con certeza es hasta cuándo se podrá seguir pateando para adelante. Habrá que ver hasta dónde se estira la cuerda.

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