Grupo TPI

Grupo para la Transformación Política de Izquierda

Evaluando el Plan Estratégico Agroalimentario – Columna 07-09

Posted by grupotpi en 09/09/2011

Cristina presentó el Plan Estratégico Agroalimentario (PEA) en Tecnópolis. Veamos de qué trató esto y que implicancias tiene. Tenemos dos grandes aristas que tocar sobre este anuncio. Pero antes de analizar las implicancias, veamos brevemente en qué consistió el anuncio.

Lo que se hizo ayer fue un relato de las metas que se esperan alcanzar en materia de producción para los distintos productos agropecuarios que se elaboran en Argentina. Repasemos algunos brevemente.

En términos agregados, las metas apuntan a que aumente la producción total de granos en 57%, de aproximadamente 100 millones de toneladas a 157 millones de toneladas. Dentro de este agregado, Cristina anunció que se espera que la soja crezca pero menos en términos relativos.

Es decir, si bien la soja seguiría siendo el cultivo que más volumen produce, su proyección sería menor que la de granos como el maíz. Mientras el primero aumentaría un 34% de su producción, el segundo lo haría en un 106%. En tanto que el trigo crecería un 57% y el girasol un 45%. Así, de acuerdo a estimaciones hechas por el Inta y volcadas en el PEA, la tendencia es hacia una contracción de la soja en la producción agropecuaria, ya que pasaría de representar el 50% de la producción actual a un 46,6% en 2020. A su vez, crecería la participación del maíz, que pasaría de representar el 23% de la producción actual al 29,3% en 2020.

Con respecto al sector ganadero, luego de perder diez millones de cabezas en los últimos cuatro años, crecería un 70% de acá al 2020. Este incremento se daría a partir de una mejora en los precios, que lleva a que la ganadería vuelva a ser rentable en aquellos suelos marginales que fueron ocupados para la plantación de soja. El incremento mayor se daría en la producción de porcinos, que para 2020 podría llegar a las 822.000 toneladas, lo que representa un aumento del 197%. De acuerdo con las estimaciones del PAE, una mayor producción porcina y aviar quitaría presión sobre el sector, lo que derivaría en una mayor cantidad de carne vacuna destinada a la exportación.

Con este anuncio, podemos entrever dos grandes cuestiones para analizar:

1) La cuestión del armado político:

Más allá de la cuestión técnica, lo que claramente buscó este plan fue interpelar políticamente a las fuerzas del “campo” para que tuvieran una mayor sintonía con el gobierno y que participaran del proyecto o plan agroindustrial. De hecho, este “plan” se anuncia que lo vienen discutiendo hace un año con distintas organizaciones rurales, para encontrar un consenso. Viendo a este plan en perspectiva y los acercamientos del gobierno hacia una parte del “campo” parecería que el objetivo político para el kirchnerismo se estaría cumpliendo: la mesa de enlace está parcialmente quebrada o al menos inmovilizada; Buzzi de FAA ahora da gestos de acercamiento al gobierno, Llambías (junto con Carrió) se quedó con un 3 y pico por ciento de los votos en las primarias y Biolcatti quedó en offside con sus dichos post elecciones primarias; elecciones que, además, tuvieron a algunos de los distritos del “campo” anti 125 a favor de Cristina. De manera que, por el lado político, este PEA se enmarca en un aparente avance del kircherismo en esa entelequia que suele llamarse “campo”. Además de que pone en el tapete una nueva “estrategia de consenso” por parte del oficialismo con las cuestiones agropecuarias, sobre todo si se lo compara con “las formas” del gobierno en la 125, donde estos mecanismos de consenso no estuvieron presentes o fueron mal manejados.

Veamos ahora rápidamente qué hay de nuevo realmente en el PEA.

2) El contenido del plan que aún no es tal:

En cuanto al plan en sí y sus postulados no hay mucho que se pueda decir, por el momento. En general, se trata de proyecciones de las principales variables de producción del campo, pero no constituye un plan real en términos de medidas concretas para el sector.

Desde lo discursivo, se insta a que la ciencia y la industria se introduzcan crecientemente en la producción primaria (por eso también el “gesto” de que se presente en Tecnópolis), pero tampoco hubo anuncios para estimular esta vinculación. Repasemos brevemente el vínculo actual entre la industria y el “campo”.

En esta columna ya hemos hablado del rol que tiene el sector agrario y el agropecuario en general, dentro de la estructura económica argentina: es el sector que puede exportar, y que, a partir principalmente de las condiciones naturales favorables de la pampa húmeda, tiene competitividad suficiente como para insertarse en el mercado mundial. Eso provee de divisas al país, recaudación para el estado, etc. La contracara es que la industria local, salvo excepciones aisladas, no tiene esta capacidad de competir externamente y, en la medida que no se la “subsidie” con deuda externa, renta de la tierra o salarios bajos, no puede mantenerse de manera estable en competencia.

Esta base aún se mantiene, a pesar de años de bonanza económica (con precios de commodities record). Y esto se manifiesta, por ejemplo, en que la gran masa de capitales industriales esté hoy pidiendo nuevamente una devaluación (léase, baja de salarios) para poder seguir compitiendo. Salvo algunos casos en los que se articula la producción primaria y alguna fase de elaboración posterior del producto (como aceite de soja u otros de la cadena agroalimentaria), no se encuentran experiencias que permitan sostenerse en producción, luego de una lenta y leve mejora de los ingresos de los trabajadores.

En ese sentido, la mentada y aclamada articulación entre el campo y la industria, si bien es necesaria y fundamental para una estructura económica argentina, se mantiene aún hoy pendiente.

Por otra parte, el PEA tampoco planteó una resolución al problema fundamental del agro argentino: las rentabilidades relativas de los distintos cultivos. Concretamente, no tocó las ganancias de la soja, que fue lo que en su momento era a lo que apuntaba la 125. Sin modificar este esquema, resulta difícil de entender cómo va a bajar la participación de la soja en la producción agraria nacional. Cómo se modificará esta situación (si es que se hace), es todo un misterio aún.

En definitiva, el PEA resolvió una de las deficiencias de la 125: la formal, la política.  Sin embargo, deja intacta la base de la estructura económica que en su momento la misma 125 intentó (al menos en el discurso) transformar.

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